Cuando compramos el refrigerador me sorprendió que todos los electrodomésticos en Alemania tuvieran una etiqueta que describía la eficiencia en el consumo de la energía.
Eficiencia A se entiende que el producto para hacer su función gasta menos energía y Eficiencia D obviamente es un producto anticuado que malgasta energía. Esto es muy importante porque aquí si algo es caro, es la electricidad. Las tiendas sólo ofrecen productos con eficiencia A, B y C.
Esta idea de la eficiencia parece ser muy importante aquí. Aparece por todas partes incluso en las menos imaginadas...
Por ejemplo, la primera vez que fui al dentista porque necesitaba una amalgama, fui sorprendido por la eficiencia del trabajo. Me había registrado para una consulta y esperé en una sala alrededor de 5 minutos. Llegó la asistente y me pidió que pasara al consultorio. Me senté en el clásico sillón reclinable mientras Elke le explicaba a la Doctora cuál era mi problema.
Entendida la cuestión entraron dos asistentes al consultorio y empezaron a preparar todo, cuando todo estuvo listo la doctora hizo su aparición, me saludó y puso a funcionar el sillon reclinable hasta que estuve totalmente horizontal. Prácticamente sin necesidad de palabra las asistentes hacían su trabajo, una puso la luz, la otra me aisló la muela y la doctora tomó el taladro y a trabajar se ha dicho. Una asistente estaba pendiente aspirando el exceso de agua, la doctora sin miramientos taladraba mi pobre muela y la tercera ya preparaba una mezcla para tapar la muela. Terminó el taladro, sentí el agua, el aire, el algodón y al momento la pasta con lo que quedó terminado el trabajo.
La doctora me pidió que hiciera otra cita para revisar otra muela. Se despidió muy cortés y se fue. Me levanté aturdido todavía, fui a la recepción y solicité una cita para la siguiente semana. Di las gracias y salí. Vi mi reloj y la visita al dentista había tardado en total 25 minutos. Eso es eficiencia.
En México ir al doctor por lo menos tarda una hora, en lo que esperas, en lo que te platica el doctor, en lo que te pregunta si te duele o no, en lo que él mismo prepara muchas veces la solución, en lo que haces teatro, yo generalmente terminaba dormido por la luz.
Aquí nisiquiera pude acomodame, un, dos, tres y listo. Todo estuvo muy bien, sin quejas, pero pienso que faltó un poco de tacto, cuando caminaba en la calle me sentí literalmente como un auto que acababa de salir de la hojalatería y no como un paciente que acaba de visitar al dentista. Falta mimar más al cliente, pienso que eso es importante aunque no sea eficiente.
Roberto Cortés