La semana pasada tuve la oportunidad de visitar Leipzig y Dresden, dos ciudades que están al este de Alemania y que en el pasado fueron comunistas. Ambas ciudades son hermosas, caminé y caminé por sus calles y visité varios museos. Sin embargo hay dos aspectos que me gustaría destacar.
1. Cuándo uno camina por las calles de Leipzig y principalmente por las calles de Dresden uno no puede imaginarse que la mayor parte de esos edificios fueron destruidos en la guerra. Me compré una libretita con fotos de antes y después y realmente es impresionante ver las diferencias.
Ahora todo está reconstruído y parece nuevo. Para mí ese es el problema, que todo parece como si no hubiera pasado nada allí, cómo si la iglesia de las mujeres (Frauenkirche) siempre hubiera permanecido intacta. Algo de artificial hay. Yo estoy de acuerdo en que se renueve y se reconstruya pero debería mantener el sabor corroente del pasado.
2. Tal vez lo que lo vuelve artificial es la cantidad de tiendas comerciales que hay. Las marcas de siempre ocupando los primeros sitios de siempre. La historia se repite y de esta forma ya no hay ninguna diferencia entre el este y el oeste de Alemania. Todos quieren vestirse con Nike, Polo Ralph Lauren, Tommy Hilfiger, Nautica, Zara, Gap, Diesel, etc.
En el fondo también son los ojos de latinoamericano que tengo, vivir tan cerca de Estados Unidos siempre ayudó a ver bien la revolución cubana y el comunismo. Pero ya sabemos los excesos que esos sistemas cometieron.
Todavía recuerdo un libro de García Marquez, que se llama "De viaje por los países socialistas", que es increíble, como joven reportero, ya encontraba las contradicciones del sistema socialista, pero también admiraba un aire de cambio y de hacer las cosas de forma diferente que se podía ver en ese lado de la cortina de hierro. Para bien o para mal, todo eso parece que ya se fue.
Mittwoch, 13. Februar 2008
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