En un texto anterior dije que la felicidad no tenía visa en Alemania, matizo un poco la afirmación diciendo qué la felicidad sí tiene visa en Alemania, pero ésta es sólo de tránsito.
Aquí la vida es más formal, más seria, la vida se vive como un requisito para conseguir lo que todos anhelan: un buen trabajo, un nuevo auto, un bonito departamento, un buen seguro y una buena jubilación. Se puede decir que aquí se tienen oportunidades para conseguir todo eso, el problema es que todos quieren lo mismo y no se conforman con algo menos. Todos quieren tener la mejor vida, (y en términos generales la tienen) pero siempre piensan que tienen menos, menos que los demás. De ahí se desarrolla una tendencia hacia la insatisfacción, que unida a cierta idea de competencia y eficacia hace que el aire que se respira no sea precisamente fresco.
Sólo hay un modelo a seguir y te lo repetirán cada vez que te tropieces, cada vez que te tardes al pagar en el supermercado, cada vez que no puedas conseguir lo que te propongas, o lo que otros quieren que consigas.
Sí hay felicidad en Alemania, ni duda cabe, pero sólo dura un momento, después tienes que regresar a tu vida de siempre y seguir trabajando para conseguir eso que tanto mereces...
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