Donnerstag, 22. Mai 2014
Los doctores en Alemania
Los doctores en Alemania
La verdad es que desde el principio no me gustaron. El primer doctor que visité aquí en Alemania fue un dentista, pero todos está n cortados con la misma tijera: Uno llega, espera unos minutos en la sala y es atendido en todo momento por las auxiliares del médico. Llena uno las formalidades.
Pasan los minutos hasta que escuchas tu nombre y te invitan a pasar a uno de los consultorios donde te acomodan, preparan el historial médico, encienden la computadora, toman los signos vitales de rigor y te vuelven a dejar solo, pasarán otros minutos más y cuando menos te des cuenta, entrará el doctor, apenas te saludará, verá apresuradamente tu historial médico mientras se va acomodando sus guantes, para ese entonces ya se habrán acercado a ti dos de sus asistentes, una que estará pendiente para drenar el agua de tu boca y otra que estará presta para pasarle al doctor cualquier instrumental necesario. El doctor encenderá su taladró y se irá sin miramientos contra ti. ¿Un poco de tacto? Por supuesto que no, ir al dentista en Alemania es lo más parecido a la hojalatería, te sentirás cómo un coche al que están esmerilando, sin piedad, trabajo preciso, sin faltas de ortografía. Al final se despedirá amablemente el doctor, se secará la única gota de sudor cristalina que asoma en su frente y te pedirá que solicites una segunda cita en el mostrador, acto seguido, desaparecerá como por acto de magia.
Tardarás un poco en recobrar el sentido tratando de buscar las placas del camión que te acaba de arrollar y te darás cuenta que las asistentes te invitan amablemente a dejar la habitación, desinfectando todo para el siguiente cliente, darás unos pasos en el pasillo y será entonces que te darás cuenta que el doctor está atendiendo por lo menos a tres pacientes de forma casi simultánea, uno después del otro, 15 minutos y voilá!!. Nada mal, en una hora, en vez de atender a 3 pacientes, atiende a nueve. – “Como debe de ser”, te respondería sonriente, si le pudieras preguntar…
Si tienes suerte y tienes seguro público el segundo sobresalto llegará hasta la siguiente consulta, pero si tienes segur o privado, espérate a recibir la factura. Se te borrará la sonrisa de la cara, garantizado. Cualquier oración simple que haya pronunciado será contabilizada como asesoría personalizada, cualquier roce como terapia o masaje.
Por desgracia, ese fue el principio, el final ha dejado mucho que desear. Un día sin pensarlo amanecí con el pie hinchado, no podía ni siquiera ponerlo en el piso por el dolor. Visité tres doctores distintos que me recetaron descanso, hubo de por medio dos análisis de sangre, un ultrasonido para revisar mi hígado y al final la misma receta: Váyase a descansar. Pero la última vez, tomé en serio el consejo, me subí al avión y regresé a México. Ahí fui al médico, mostré los análisis de sangre hechos en Alemania, el doctor me sonrió y me dijo que no me preocupara, que era un cuadro clínico típico de ácido úrico, me recetó varios medicamentos y me dijo que hiciera una dieta, nada de carne de res ni de alcohol. Después de dos semanas el alivio llegó, poco a poco, debo de decirlo, pero por fin, después de dos meses perdidos en descansos obligatorios, pude dar un paseo por la calle. Regresé a Alemania y me reintegré al trabajo por mi propio pie.
La semana pasada me encontré a mi doctor en la panadería de la esquina, me reconoció en seguida y me sonrió amablemente, seguramente se alegró de verme caminando, yo también correspondí con una sonrisa amable, mientras me moría de ganas por darle una patada en ya saben dónde...
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